viernes, 4 de diciembre de 2009

EL ESPIRITU DE LA NAVIDAD







Una propuesta para renacer al espíritu de la Navidad.

Dejar que fluya el manantial de la ternura.

Dulces para la Navidad.
¡Que también la Navidad sea dulce!
Lo dulce
es símbolo del fruto cuando está maduro.
El fruto maduro es blando y se desprende de la rama sin ningún esfuerzo.
Todo en el fruto maduro se ofrece para ser consumido,
podríamos decir que todo en la planta ha sido programado para el servicio.
Como en el fruto, la dulzura es símbolo del amor maduro.
¡Que los dulces de la Navidad sean el símbolo de tu dulzura interior,
que no sea simplemente un analgésico, un anestésico para tu amargura y tu acidez interior!


El amor genuino es dulce, tierno y sencillo; es también, como lo que recién ha nacido, puro y fresco. El amor, cuando no lleva muchos adornos externos, tiene la sencillez de los niños y por eso se puede disfrutar.

Una vida complicada es evidencia de complejos que impiden al ser aflorar.
El ser profundo tiene esa cualidad fluida del amor que es la ternura, una bella mezcla de inocencia y dulzura. La ternura es el amor en su expresión menos refinada,
más espontánea y pura; es ese amor casi infantil que se abandona a la profundidad del presente.

La ternura disuelve la rigidez de todas las fronteras, derrite el hielo del separatismo y nos devuelve a ese lenguaje universal de los niños,
cuya naturaleza profunda es dulzura.

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