miércoles, 6 de mayo de 2009

UN VIAJE INTERIOR






Como mirar a nuestra madre


En mi país, Chile, el día de la Madre se celebra el 10 de mayo, y, en su honor, lo quise hacer diferente este año.

Hoy, mi invitación es llevarte a un viaje interior. Situarte en un contexto poco habitual y ante el cual su imagen será percibida de un modo particular. Con una mirada tierna, diferente a la que acostumbrabas hasta hoy. Me gustaría la aprendieras a mirar. La has visto realmente como ella ES?
Nuestra madre fue niña una vez, igual que nosotros. Seguramente te habrá mostrado alguna foto de ella cuando pequeña. La recuerdas? La tienes a mano?
Ella también tuvo sus padres, nació en una familia determinada, con sus destinos particulares, que a ella la afectaron y la formaron.

A veces, alguien murió demasiado pronto en su familia, tal vez su madre o su padre o un hermano. O quizá estuvo alguien muy enfermo cerca de ella. De niña ella también se preocupó y ante ese dolor quizás se dijo: estoy dispuesta a hacerme cargo de esto para que a otro le vaya mejor. Todo esto queda en su corazón sin verbalizar. Su cuerpo lo registró. Y entonces desde niña fue acarreada por un destino ajeno, como el “hacerse cargo” de algo que asumió como suyo.
La miramos así alguna vez?
Y de repente nos percatamos de lo siguiente: nuestras expectativas, como hijos o nuestras pretensiones con respecto a ella ignoran por completo lo que su alma movió, lo que su alma tomó de ella - a su servicio - para otro propósito.
¡Qué extraño resulta, entonces, el exigir y desear interiormente, y decirlo también, que ella esté totalmente aquí para nosotros, que no piense en nada más que en nosotros!

¡Qué pobres somos pues en nuestra alma!
¡Qué alejados del amor y de la felicidad!

Lo primero que nos queda por hacer es mirar a nuestra madre cómo a una mujer corriente con una historia, con una larga historia por parte de su familia.

Esta historia la ha hecho humana, es decir imperfecta y justamente esta imperfección la hace especialmente bonita y simpática.
El comienzo de la felicidad es poder ver a nuestra madre con su humanidad y quererla "tal como ES".

Entonces, prácticamente nada se opone más a la felicidad. Esto es el comienzo de la felicidad que permanece.
Cuando logramos verla de esta manera, algo cambia interiormente en nosotros, y entonces la podemos VER con lo bueno y lo difícil que tuvo que afrontar y superar para salir adelante!

Por tí y para tí mamá, gracias!



- Un texto de Bert Hellinger adaptado al blog -
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