miércoles, 25 de febrero de 2009

EL HOMBRE...INVISIBLE??



BORIS CYRULNIK Y SU VISIÓN DE LA PAREJA MODERNA

Con curiosidad y asombro he leído el reportaje realizado a Boris Cyrulnik, quien recientemente publicó "La Autobiografía de un Espantapájaros", el cual se ha convertido en el best seller del invierno en Europa y ganó el Premio Renaudot de Ensayo en Francia.
Es el texto número 18 en la larga y mediática carrera de este psicólogo, psiquiatra, neurocirujano y etólogo francés. Encumbrado en todo el mundo por sus investigaciones sobre resiliencia - la capacidad de un ser humano para levantarse de las cenizas después de un golpe demoledor- , este científico, salvado del genocidio nazi y huérfano desde los seis años, observa el entorno social con ojo crítico. Su atinada y esperanzada palabra se ha convertido en ley para la mayoría de sus pares incluso en su cartesiano país de origen. Como miembro de veinte sociedades de sabios internacionales, Boris Cyrulnik contribuye al mundo desde su estudiosa mirada.

Te dejo con este interesante reportaje, que “comprimí” porque es muy extenso.
Vale la pena leerlo!!
Anteriormente ya he expuesto sobre este tema
y conoces mi punto de vista. Velo por la integración de ambos sexos, porque el hombre y la mujer fueron creados para vivir juntos y procrear en armonía. Hombre y mujer "SON" completos y, juntos, vamos transitando ante este nuevo milenio.

“Una silenciosa revolución avanza. Es el fin del matrimonio clásico y el nacimiento de una pareja distinta, donde el hombre se ha vuelto invisible y la mujer, poderosa. La tecnología es la gran responsable.
Se centró en el el poder de la palabra y del discurso para cambiar el destino de los que sufren, de los que parten tarde y mal en la vida. "Y eso nos lleva, indefectiblemente, al rol que cada uno está cumpliendo en este inicio de milenio. Hombres, mujeres y niños que hoy viven una existencia absolutamente distinta a la de una generación atrás. En sólo treinta años, se ha generado una sociedad nueva con relaciones personales revolucionarias.
Cyrulnik, a veces también criticado por su insistencia en una visión multidisciplinaria - es psicoanalista además- , no usa atajos para describir el muy disminuido papel del hombre de hoy en este nuevo escenario. Ni la condena sin remedio que sufre la pareja tradicional
Desde la óptica de este padre de la resiliencia, están el dar énfasis al cuidado de la primera infancia y a la necesidad de crear "una nueva adolescencia", una que reemplace la obsoleta - en donde el padre era amo y señor- y que otorgue a los jóvenes seguridad.El científico ha estudiado el tema en decenas de países de América, Asia y África, a donde ha sido llamado como investigador y panelista. Y ha observado que, todavía hoy, en una nación pobre y de débil tecnología, el matrimonio sigue siendo el gran valor para la sobrevida femenina
Ha sido el gran cambio que ha sufrido la sociedad en apenas una generación, no más de veinte o treinta años. Cuando la tecnología progresa al extremo que hoy se ve en el mundo desarrollado, la mujer decide su propia fecundidad, es capaz de hacer cualquier oficio y profesión y acumula diplomas. El factor social ya no está dado por el cuerpo ni la fuerza física como antes - territorios masculinos- , sino por la capacidad de manipular los botones de una máquina y de usar la mente. En el mundo actual, que un hombre trabaje el campo o baje a una mina es mucho menos influyente que una mujer doctorada en lenguas.Vivimos una nueva condición femenina, que borró las milenarias ataduras de la mujer al matrimonio, como condición de adaptación para sobrevivir. Pero, advierte el investigador, si el matrimonio va en caída libre, la pareja se agarra del abismo con dientes y muelas para no morir. Y permanece. Sin embargo, las razones para emparejarse en el año 2009 son muy distintas a las de milenios anteriores. Compañerismo, afectividad, búsqueda de seguridad sicológica y goce sexual serían las nuevas metas de hombres y mujeres hoy. Ya no es más la dependencia, sepultada bajo el progreso.Ese hombre transparenteSi la destreza del cuerpo y la fuerza física fueron las armas de supremacía masculina durante milenios, el vientre femenino era su equivalente. Los hombres se batían en la guerra, dominaban a los animales, araban la tierra, explotaban las canteras y levantaban pirámides. Las mujeres tenían hijos: cada uno iba armando la sociedad con su sexo y su cuerpo. Hoy, ese esquema ha sido reemplazado por las máquinas que la tecnología creó. Y el cambio producido es tal que, en este torrente de mutaciones, el hombre se ha vuelto transparente, asegura Boris Cyrulnik. "No sólo eso. También la función del padre está diluida, borrada. La necesidad de un papá casi ha desaparecido: las mujeres de hoy pueden ser –y son– padres y madres, logran darle seguridad al niño, disciplinarlo y mantenerlo financieramente. Es común observar en los países desarrollados a parejas que se juntan, viven tres, cuatro o cinco años y después se separan. Ellas se van detrás de un ascenso en el trabajo y, a veces, embarazadas. Tienen solas al niño y mantienen amistad con el padre. Para todos es normal".Continúa.. El cuerpo de un hombre ya no sirve para nada, porque las mujeres deciden cuándo quieren ser fecundadas. Ellas tienen la palabra en sus vidas, porque hoy la manipulación de los botones que la alta tecnología les concedió, las hace completamente autónomas. Esta autonomía se vive por primera vez en la historia humana y es una revolución.
Y termina diciendo:“Cuando yo era niño, inventábamos el modo de pasar la velada: tocábamos piano, cantábamos, mi mamá recitaba, se encendía un fuego. Hoy, la pareja está dividida por el computador - los hombres, sobre todo, se han vuelto fanáticos, descuidando la conversación- y en los hogares de los países ricos hay un televisor en cada pieza.Internet, la blackberry, el cable, el skype, el celular, provocan un doloroso aislamiento. Y terminamos, dicen las cifras, en depresión o en cifras asombrosas como las recordadas por Cyrulnik: un 40% de las alemanas con profesión universitaria se esterilizan hoy para no tener hijos.


Empezar por la casa, y hoy mismo, parece ser el camino correcto.


Por MARÍA CRISTINA JURADO. Ilustración ALFREDO CÁCERES.
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