jueves, 22 de febrero de 2007

EL PLACER DE ESTAR VIVA

Leía hoy en la mañana este comentario: “la vida NO debiera ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar con buena salud y un cuerpo atractivo y bien cuidado, sino mas bien deslizarse en ella con un chocolate en la mano, vino en la otra, el cuerpo hecho polvo, totalmente desgastado y gritando.... esto si es vida!”

Definitivamente, me quedo con el chocolate, la copa de vino y lo que sigue, porque “vivirme” la sensación, en mi paladar, de esa dulce adicción que es saborear un trocito de él, en su pequeño, tentador y provocativo envoltorio, es única. Luego lo siento deshaciéndose lentamente en mi boca, mmmm…lo huelo, que deleite! Y así mil cosas más me pasa con el chocolate, solo echa volar tu imaginación y voilá!, el placer hecho realidad! Además, es un placer más íntimo. Cuando lo comparto, hago aquí una aclaración… lo divido: porque me gusta de-gustarlo. Observo como otros lo devoran y sólo me dejan el aroma de lo que quedó en el envoltorio y no es justo!! Es entonces cuando recuerdo lo que decía la reflexión original, en relación a la buena salud y el cuerpo atractivo, y aparece en mí ese placer culpable que me quiere boicotear… y ¡NO le dejo arruinar este momento!

El vino, Baco y su magia, me invita a la conversación, a la amistad, a la reunión con los amigos y al disfrute. También incentiva el congregar, el reflexionar junto a él. Las sensaciones que el vino provoca son diferentes, igualmente fascinantes. Es más social.
Promueve el participar, el atreverse, también hace de las suyas cuando produce el desborde de las emociones. ¿Quién no ha llorado junto a una copa de vino?, ¿Quién no ha terminado con un ataque de risas junto a ella?... (Me identifico con esto).
Esa copa en mi mano está también en medio de dos, tres y cuatro amigos cuando tenemos conversaciones acerca de cosas simples y sencillas de la vida, como también sobre aquella profunda reflexión sobre lo difícil y dura que se nos pone a veces cuando estamos mal, tristes, nada resulta bien, y perdemos la paz.

¡Qué de cosas sabe una copa de vino!
Reconozco que este néctar de los dioses, como asimismo el chocolate me traen gratos recuerdos y re-encuentros, porque beber, saborear, sentir como ambos bajan por mi garganta, es otro de los placeres de la vida que mas vale disfrutar porque su ley implacable es volvernos polvo… y para eso antes, espero desgastarme y morir gritando “esto si es vida”!!
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